Continuamos la serie referida al HABLA MURCIANA con este nuevo capítulo
En la parte más
occidental de la Región se encuentra la comarca del Noroeste, una gran
extensión territorial con picos montañosos que superan los dos mil metros de
altitud; estamos en un medio de transición entre serranías y vegas, con el
encuadre entre las sierras de Cazorla, Segura y La Sagra junto a las cuencas
surorientales de los ríos Segura y Guadalentín. Este territorio histórico constituye el núcleo de mayor masa
forestal de la región: poblado de pinos, encinas, robles y sabinas, el paisaje
todavía conserva caseríos abandonados y parajes solitarios.
Allí encontramos el pico Revolcadores que, con sus más de 2.000 metros
de altitud es una de las cotas más elevadas de la Región de Murcia; también la
sierra de la Muela, una auténtica reserva biológica que constituye la zona
paisajística de mayor calidad de la comarca. Tradicionalmente
el ámbito comarcal incluye la cuenca del río Mula, aunque por su proximidad al
centro regional también podría asimilarse a la Vega murciana; dado que presenta
características diferenciadas, más adelante dedicaremos un apartado propio a la
subcomarca de Mula y su área de influencia. Como principales localidades del
Noroeste hablaremos por tanto de Caravaca, Cehegín, Moratalla, Bullas y
Calasparra, población ésta famosa
por su gran vega arrocera.
La capital de la comarca
es Caravaca de la Cruz; situada en un enclave fronterizo entre Murcia y
Granada, esta histórica plaza se articula en torno a su Castillo, levantado en
el s. XV por la Encomienda de los Templarios, que constituyeron una Bailía aislada en su territorio. El establecimiento de los Pobres Caballeros de Cristo se enmarcó dentro de
la estrategia marcada por la Corona de Castilla, consistente en mantener el
control sobre el antiguo Reino de Murcia; se trataría de gobernarlo sin tener
que ampliar los dominios de la Orden de Santiago, que ya se extendían hasta
Moratalla por la Sierra de Segura como puede observarse en el siguiente mapa,
del que resaltamos un detalle curioso: entre las poblaciones santiaguistas
aparece Negra, luego a principios del siglo XIV todavía no se había producido
el cambio de nombre de esta localidad.
El municipio de Moratalla cuenta con una gran
extensión, la más grande de la Región después de Lorca, distinguiéndose por la
multitud de pequeños núcleos dispersos que la forman. Encaramada sobre un hermoso cerro, coronado por
los restos de su castillo la antigua población, que mantiene su nombre de
origen íbero, forma el impresionante conjunto monumental.
Es preciso
resaltar que el carácter rural de la zona facilitó la permanencia en ella de población
musulmana, muy diseminada por toda la comarca. A este respecto, el realengo
estableció medidas protectoras para los mudéjares, de forma que fueran estos
contingentes quienes continuaran trabajando las tierras; sin embargo (Marín Ruiz, 2009: 12): “toda la
normativa jurídica referida a los grupos de mudéjares evoluciona hacia un
desarraigo del campesino musulmán de la propiedad de la tierra, hasta el punto
de que en 1293 se les prohibió poseerla”. La posterior repoblación
cristiana, atraída por el reparto de tierras, se produjo de forma muy lenta;
los mayores contingentes de colonos procederían de Castilla y, en menor medida,
de Aragón.
Cehegín (la antigua Sanhâyín, nombre tomado de la tribu
Sanhâya), es
la segunda plaza en importancia de la comarca; el casco antiguo de la
población, de ascendencia romano-visigoda, está declarado monumento
histórico-artístico. La ciudad actual es heredera de la histórica Begastri, un
asentamiento de orígenes iberos que fue municipio romano y alcanzó su mayor
esplendor durante la etapa visigoda, momento en que se erigió como Sede
Episcopal. Gracias a unos
descubrimientos arqueológicos Begastri, que aparece ya en el Pacto de
Teodomiro, fue localizada junto al margen del río Quipar, en el paraje del
Cabezo Roenas, a escasos tres kilómetros de la actual población. Al estar la
Cartaginense controlada por
los bizantinos, el reino godo la elevaría a sede
episcopal.
Las poblaciones de esta comarca son
enclaves notables que comparten devenir histórico, lo que les hace presentar
similares rasgos lingüísticos: murcianismos comunes, castellanismos, aunque
también se nota la influencia aragonesa; sin embargo, la presencia de
catalanismos es muy escasa en la zona. Al haber estado sujetas posteriormente a
la jurisdicción de la Orden militar de Santiago, se detecta también cierta
homogeneidad dialectal entre esta comarca y las tierras serranas de Albacete
(Hellín, Yeste, Nerpio) e incluso de Granada (Puebla de Don Fadrique, Huéscar)
y de Jaén (Santiago de la Espada, Segura de la Sierra). La característica
lingüística más destacable a señalar es el generalizado yeísmo, un fenómeno muy
arraigado en todos los estratos sociales, incluido el rural, lo que no resulta
habitual.
Francisco Ramírez Munuera
Muy interesante como siempre para seguir conociendo un alicantino, los interiores de la Región de Murcia
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