Mis comienzos en la actividad periodística tienen sus raíces
en el viejo Montemar. Yo allí jugué a hockey, de portero, hasta que el
menisco me sugirió que abandonara esa modalidad deportiva después de que mis
piernas se llevaran mas de una tarrasca de los sticks de los
contrarios. También hice pinitos en la cancha de baloncesto, y sobre todo en
balonvolea, como se llamaba entonces al voleibol. De hecho, en el servicio
militar el capitán de gimnasia me encargó componer un equipo para participar en
los campeonatos de la III Región Militar en Valencia donde nos proclamamos
campeones por primera vez desbancando a los paracaidistas. Además, como el
Grupo Deportivo de la Caja de Ahorros del Sureste —donde yo trabajaba desde los
14 años— organizaba los Juegos Deportivos del Sureste y yo colaboré en algunas
ocasiones, parece que el conocimiento sobre el ámbito deportivo suscitó que mi
hermano Fernando —redactor-jefe de Información— me ofreciera
colaborar en la redacción deportiva, y complementar mis ingresos.
Mi primera colaboración firmada que he encontrado en la
hemeroteca del diario es del 2 de mayo de 1968, donde atendía los encargos del
jefe de Deportes, Juan Gerona. Me curtí con los deportes menores,
la Copa de San Pedro, y alguna que otra vez con el fútbol profesional. En mayo
de 1970, tras unas pruebas en mi empresa “de toda la vida”, la Caja, me
notificaron que me iba a ocupar de actividades comerciales y con el incremento
salarial por el puesto se incluía el concepto de “dedicación exclusiva”.
Informé a Información —valga la redundancia— de que iba a abandonar mis
colaboraciones y, de nuevo, mi hermano me propuso que lo hiciera en la Hoja
del Lunes como auxiliar de redacción en las páginas deportivas.
Consulté con el responsable de Personal de mi entidad quien me autorizó, tras
justificarle yo que estar en un medio propio de la Asociación de la Prensa le
podía convenir a la dirección para cualquier tipo de gestión, aunque siempre y
cuando mis tareas fueran las que me habían ofrecido: corrección de textos,
compaginación, maquetación… de las crónicas de los corresponsales y de las
agencias de noticias. Y así estuve en aquella redacción de la Hoja
del Lunes hasta enero de 1987 cuando el diario Información —que
ya era desde hacía años de gestión privada— decidió aparecer los siete días de
la semana.
Así que todos los domingos durante diecisiete años —generalmente menos en julio o en agosto, por vacaciones— desde media tarde hasta media noche, y algunas veces hasta que la rotativa lanzaba los primeros ejemplares, conviví con un puñado de periodistas que, en su mayoría, fueron los catedráticos de la universidad a la que no fui, los expertos de cuyas fuentes bebí mas de un sorbo, los compañeros que me enseñaron en la práctica los fundamentos básicos de la profesión y los amigos, muchos de ellos, que me acompañaron en mi progreso profesional.
De Isidro Vidal, Pepe Casinos, Vidal Masanet, Rafael González, Antonio Gilabert, los Arjones… en la redacción, y Manuel Fuentes y Vicente Peris, en talleres…, tanto aprendí, que poco a poco fui llevando mis propias aportaciones a la Caja. Y allí compartí, en las horas finales de cada noche dominical, en improvisadas cenas en La Cabaña, los sucesos que durante la semana habían generado tensión profesional, desde el “poncio” —apelativo que se le daba entonces al gobernador civil— que amenazó a mi hermano, y al que respondió “que iba a seguir siendo periodista mucho después de que él dejara de ser gobernador…”, hasta cuando Rico Pérez preguntó “cuaánto costaba que Rafael González dejara de hacer las crónicas del Hércules…”, supongo que porque era demasiado crítico.
Quizás por esa relación dominical recibí en diciembre de
1977 un escrito del director general, Francisco Oliver Narbona,
en el que me indicaba que “…en lo sucesivo me ayudes personalmente en cuanto a
las relaciones de esta Dirección y de la Caja en general con los profesionales
de la prensa”. Ello sería el embrión de lo que, con los años,
constituyera un área global de comunicación corporativa, interna y externa, en
la que desarrollamos con otros profesionales como Demetrio Mallebrera,
Curro Alberola, Leonardo Tomás, Miquel Poveda… las tareas de relaciones con
los medios, hoy ya consideradas indispensables en cualquier estructura
empresarial.
Y de aquella Hoja a la digital, que ahora
cumple medio millar de ejemplares no en papel, en la que hemos colaborado, con
mayor o menor puntualidad, dejando pensamientos, denuncias y experiencias. El
medio que es nuestro —solo nuestro— donde la independencia no se ve limitada ni
por la publicidad ni por las presiones políticas o empresariales. Aquí nos
leemos.
Toni Gil

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