Aportamos un nuevo capítulo de la serie EL HABLA MURCIANA de nuestro compañero Francisco Ramírez Munuera
GEOLECTO ALHAMEÑO
Ocupando
una posición central en el Valle del Guadalentín se encuentra Alhama, población
que cuenta con un extenso término municipal por donde pasa el haz de isoglosas
que refleja el doctor Juan Antonio Sempere Martínez en su obra Geografía lingüística del murciano con relación al
sustrato catalán:
La línea imaginaria que desde Jumilla a
Mazarrón atraviesa el territorio de nordeste a suroeste divide la región en dos
en el aspecto léxico, señalando límites dialectales: al este quedan las zonas
de histórica influencia catalana, mientras en el oeste se puede observar la
mayor penetración del castellano.
En tiempos
de la reconquista las principales ciudades eran Murcia, Lorca, Cartagena y
Mula; a mitad de recorrido entre ellas y en pleno valle del Guadalentín se
emplaza la villa de Alhama, cuyo término municipal linda con estas cuatro
comarcas naturales: Campo de Lorca, Campo de Cartagena, Huerta de Murcia y
Cuenca de Mula. El valle fue zona de paso obligado entre Murcia y Granada por
el camino de la Torre, construido posiblemente sobre una antigua calzada romana.
El
apelativo Torre hace referencia a la atalaya del castillo de Alhama, visible
desde la lejanía; la importancia estratégica del sitio queda recogida en El castillo de Alhama de Murcia: una
fortaleza castellana entre Aragón y Granada, que hace referencia al
geógrafo y viajero ceutí al-Isidri, el cual indica:
El que quiere ir de Murcia a Almería debe
pasar por Qantarāk Aškāba («Puente de Aškāba» o Alcantarilla), Hisn Librāla
(«Castillo de Librilla»), Hisn al-Hamma («Castillo del baño termal» o Alhama) y
Lūrca (Lorca)...
Castillo de Alhama
La
etimología árabe de Alhama: al-Hamma alude
a los antiguos baños termales que, junto con el castillo, representan sus
signos de identidad y dan nombre al topónimo hisn Al-Hamma (Castillo del
baño), una fortaleza de época islámica. Este enclave de paso propiciaría un
encuentro de hablas que contribuyeron a asentar un vocabulario de lo más
variado: entre ellas figuran arabismos como acequia,
alcancil, aletría, algarabía, alhábega, arjuma, margual, tahúlla o zafa, comunes
en todo el léxico murciano.
Asimismo,
se pueden identificar dos muestras genuinamente alhameñas: por un lado el
término azaraque, de az-zarraq (nacimiento de agua) y de otro
la persistencia del vocablo Ral, equivalente
al término Rahal o Rafal procedente del árabe rahl, que designa una partida rural.
Con la intervención de Jaime II para
anexionarse el reino de Murcia, tras dos largos años de asedio el castillo de
Alhama fue tomado en 1298, pasando la villa a depender de la Corona de
Aragón. El 3 de febrero de ese año Jaime II escribirá desde Alhama a su
aliado el monarca granadino, notificándole la grata nueva de la conquista de
tan fuerte lugar:
“Nos
facemos saber que somos venido al Regno de Murcia contra nuestros enemigos de
Castiella, e a sitiamos al castiello de Alhama, al qual loado sea Dios,
habernos preso e tenemos, et facernos vos saber porque sabemos que vos
placera”.
Posteriormente,
la sentencia arbitral de Torrellas supondría la división del reino de Murcia,
quedando su capital y la parte meridional del territorio para la Corona de
Castilla. Entre las plazas a devolver a los castellanos figuraría Alhama, cuyo
castillo fue entregado el 19 de noviembre de 1304; por entonces, la población
de la villa era escasa y predominantemente mozárabe, pero por privilegio real
los colonos catalanes pudieron permanecer en el lugar.
De
ascendencia valenciano-catalana quedan semejanzas léxicas en voces como: baladre, bajoca, boria, crilla, esclafar, fosca, llampo, llanda, pareta, yaya...
También la aportación aragonesa fue muy importante, empezando por los
diminutivos ico e iquio y continuando con palabras como: abonico, bardomera, calorina, capaza,
desocupo, fresquilla, panocha, pesahombre o regomello. Igualmente hay que
destacar la influencia castellano-manchega, con términos como amanoso, enrobinar, linde, mamio,
manifacero, matachín, parva, rabogato, rastra, simentero, torzón, volantero o
zompo, que aparecen en la comarca del noroeste y también forman parte del
repertorio alhameño.
Todo este
mosaico de voces constituye una gran riqueza léxica, por lo que la zona del
Bajo Guadalentín puede considerarse como un geolecto representativo del habla
regional.
Actualmente,
al haber desaparecido tanto la agricultura tradicional como algunos de los
antiguos oficios y formas de vida, parte de este vocabulario se pueda calificar
de arcaico; como dijo Vicente Medina, “con
las tradiciones se va la lengua”.
Por otra
parte, el proceso de normalización lingüística y el mayor nivel cultural de la
población han hecho que el lenguaje evolucione, incorporando nuevos vocablos y
propiciando un discurso más acorde con los tiempos actuales; esto no quiere
decir que se haya perdido el gracejo típico murciano, con sus particulares
formas de expresión, que todavía pueden escucharse en muchas frases del
lenguaje común.