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domingo, 29 de marzo de 2026

EL HABLA MURCIANA-GEOLECTO ALAMEÑO

 Aportamos un nuevo capítulo de la serie EL HABLA MURCIANA de nuestro compañero Francisco Ramírez Munuera

GEOLECTO ALHAMEÑO 

Ocupando una posición central en el Valle del Guadalentín se encuentra Alhama, población que cuenta con un extenso término municipal por donde pasa el haz de isoglosas que refleja el doctor Juan Antonio Sempere Martínez en su obra Geografía lingüística del murciano con relación al sustrato catalán:

La línea imaginaria que desde Jumilla a Mazarrón atraviesa el territorio de nordeste a suroeste divide la región en dos en el aspecto léxico, señalando límites dialectales: al este quedan las zonas de histórica influencia catalana, mientras en el oeste se puede observar la mayor penetración del castellano.

En tiempos de la reconquista las principales ciudades eran Murcia, Lorca, Cartagena y Mula; a mitad de recorrido entre ellas y en pleno valle del Guadalentín se emplaza la villa de Alhama, cuyo término municipal linda con estas cuatro comarcas naturales: Campo de Lorca, Campo de Cartagena, Huerta de Murcia y Cuenca de Mula. El valle fue zona de paso obligado entre Murcia y Granada por el camino de la Torre, construido posiblemente sobre una antigua calzada romana.

El apelativo Torre hace referencia a la atalaya del castillo de Alhama, visible desde la lejanía; la importancia estratégica del sitio queda recogida en El castillo de Alhama de Murcia: una fortaleza castellana entre Aragón y Granada, que hace referencia al geógrafo y viajero ceutí al-Isidri, el cual indica:

El que quiere ir de Murcia a Almería debe pasar por Qantarāk Aškāba («Puente de Aškāba» o Alcantarilla), Hisn Librāla («Castillo de Librilla»), Hisn al-Hamma («Castillo del baño termal» o Alhama) y Lūrca (Lorca)...

Castillo de alhama

Castillo de Alhama

La etimología árabe de Alhama: al-Hamma alude a los antiguos baños termales que, junto con el castillo, representan sus signos de identidad y dan nombre al topónimo hisn Al-Hamma (Castillo del baño), una fortaleza de época islámica. Este enclave de paso propiciaría un encuentro de hablas que contribuyeron a asentar un vocabulario de lo más variado: entre ellas figuran arabismos como acequia, alcancil, aletría, algarabía, alhábega, arjuma, margual, tahúlla o zafa, comunes en todo el léxico murciano.

Asimismo, se pueden identificar dos muestras genuinamente alhameñas: por un lado el término azaraque, de az-zarraq (nacimiento de agua) y de otro la persistencia del vocablo Ral, equivalente al término Rahal o Rafal procedente del árabe rahl, que designa una partida rural.

Con la intervención de Jaime II para anexionarse el reino de Murcia, tras dos largos años de asedio el castillo de Alhama fue tomado en 1298, pasando la villa a depender de la Corona de Aragón.  El 3 de febrero de ese año Jaime II escribirá desde Alhama a su aliado el monarca granadino, notificándole la grata nueva de la conquista de tan fuerte lugar: 

“Nos facemos saber que somos venido al Regno de Murcia contra nuestros enemigos de Castiella, e a sitiamos al castiello de Alhama, al qual loado sea Dios, habernos preso e tenemos, et facernos vos saber porque sabemos que vos placera”.

Posteriormente, la sentencia arbitral de Torrellas supondría la división del reino de Murcia, quedando su capital y la parte meridional del territorio para la Corona de Castilla. Entre las plazas a devolver a los castellanos figuraría Alhama, cuyo castillo fue entregado el 19 de noviembre de 1304; por entonces, la población de la villa era escasa y predominantemente mozárabe, pero por privilegio real los colonos catalanes pudieron permanecer en el lugar.

De ascendencia valenciano-catalana quedan semejanzas léxicas en voces como: baladre, bajoca, boria, crilla, esclafar, fosca, llampo, llanda, pareta, yaya... También la aportación aragonesa fue muy importante, empezando por los diminutivos ico e iquio y continuando con palabras como: abonico, bardomera, calorina, capaza, desocupo, fresquilla, panocha, pesahombre o regomello. Igualmente hay que destacar la influencia castellano-manchega, con términos como amanoso, enrobinar, linde, mamio, manifacero, matachín, parva, rabogato, rastra, simentero, torzón, volantero o zompo, que aparecen en la comarca del noroeste y también forman parte del repertorio alhameño.

Todo este mosaico de voces constituye una gran riqueza léxica, por lo que la zona del Bajo Guadalentín puede considerarse como un geolecto representativo del habla regional.

Actualmente, al haber desaparecido tanto la agricultura tradicional como algunos de los antiguos oficios y formas de vida, parte de este vocabulario se pueda calificar de arcaico; como dijo Vicente Medina, “con las tradiciones se va la lengua.

Por otra parte, el proceso de normalización lingüística y el mayor nivel cultural de la población han hecho que el lenguaje evolucione, incorporando nuevos vocablos y propiciando un discurso más acorde con los tiempos actuales; esto no quiere decir que se haya perdido el gracejo típico murciano, con sus particulares formas de expresión, que todavía pueden escucharse en muchas frases del lenguaje común.

sábado, 8 de abril de 2023

EL HABLA DE LA HUERTA

    Siguiendo con publicaciones anteriores ofrecemos un nuevo capítulo relacionado con El Habla Murciana

Dice el historiador británico Peter Burke que la cultura popular puede entenderse como un conjunto de significados y valores compartidos, a través de los cuales ésta se expresa o encarna. La Huerta de Murcia, con sus costumbres ancestrales y formas de expresión características, sería un buen ejemplo de este acervo cultural distintivo. Entrando en los orígenes dialectales vemos que en la Región murciana la lengua se ve influenciada por múltiples factores:

-  El primitivo romance hispano-latino que se hablaba en el sureste peninsular ya hubo de tener características peculiares durante la época visigoda.

- Posteriormente, aunque la invasión musulmana dejaría su huella, para la formación del habla regional sería determinante la repoblación cristiana.

- Así, sobre el sustrato hispano-visigodo, la posterior influencia del romance castellano, aragonés y catalán formarían el crisol de las hablas murcianas.

-  En general, las formas dialectales de la Región se corresponden con las de la lengua castellana, a cuya gramática y sintaxis se ajustan.

Ya en el siglo XIV debieron estar asentadas las formas lingüísticas murcianas, pero los escritores regionales procuraron evitar en sus obras todo asomo de lenguaje dialectal; así, el murciano no lograría forma literaria hasta finales del siglo XVIII, coincidiendo con la aparición de la prensa periodística. Las primeras muestras de literatura popular ensalzaban las costumbres y expresiones características de la Huerta, una rica tierra de pobres gentes, en su mayoría analfabetas.

La literatura panocha tendría sus raíces en el original lenguaje del pueblo, que algunos escritores costumbristas exageraron, hasta convertirlo en una caricatura del habla rural auténtica; el apelativo panocho fue tomado de la panocha, mazorca de maíz o panizo, nombre empleado para señalar a los huertanos y distinguir sus particulares formas de expresión. A la creación de este estereotipo contribuyó la literatura murciana en la época del romanticismo: un grupo de intelectuales capitalinos, tratando de recoger las tradiciones del pueblo hicieron uso de unas formas dialectales intencionadamente retorcidas y exageradas, que finalmente se insertarían en el folclore popular.

El poeta José Frutos Baeza, gran defensor del habla huertana, dice en su obra “De mi tierra”:

Que nunca en mis escritos panochos me he inclinado del lado ridículo, ni en el lenguaje ni en el fondo por muchas razones, entre ellas por ser injusto pintar como zafios a los huertanos, confundiendo lo sencillo, ingenuo y gracioso, con lo chocarrero y burdo.

En el romance “Pronunciación huertana”, describe así la fonética murciana: 

El quid del habla panocha

está en la pronunciación

y para hablarla es preciso

aprender de viva voz


La s final no es tal s,

Más bien es aspiración,

Y en el compuesto nosotros

Resultan mudas las dos.

Si a una s sigue b,

La b ya es f en rigor

como en lah fotah, loh fienes

o en otra ehfalijación

 

Si la f precede a u,

y si es diptongo mejor,

suena cual j, y se dice:

juera, juimos y junción 

Efectivamente, hay que distinguir lo que fue el léxico auténtico de la Huerta y el lenguaje panocho literario. El escritor Alberto Sevilla defendió las tradiciones y el habla popular, diciendo: hablar en panocho no es decir un barbarismo tras otro; es dar a las frases el giro que le dan en la huerta murciana: es usar sus palabras castizas. 

También Pedro Diaz Cassou nos habla de los orígenes del lenguaje rural; dice este escritor romántico que la Huerta estuvo poblada de moros, cuyas raíces han perdurado en el repertorio de voces árabes que adornan el habla regional. Captando una tradición que se perdía Cassou recopiló leyendas y un cancionero panocho; así, este erudito quiere apresar la tradición murciana, conservando el habla auténtica de la Huerta antes de que se le escape de las manos.

Junto a Díaz Cassou, Vicente Medina y Miguel Hernández probablemente sean las figuras más destacadas de nuestras letras.  El gran poeta de Archena fue un gran amante de las tradiciones y en sus Aires Murcianos se propuso dignificar el lenguaje huertano, siendo Cansera quizás su poema más sentido.

Por otra parte, la descarnada realidad plasmada por el malogrado poeta oriolano refleja las duras condiciones que padecían las gentes del campo, cuya falta de instrucción los llevaba a expresarse con deformaciones fonéticas y a incluir vulgarismos en su léxico, que serían la base de la literatura panocha.

El traje huertano recuerda la indumentaria de aquellas gentes, que hoy se recrea en los desfiles del Bando de la Huerta, una fiesta que nació como pretexto de churubitos capitalinos para divertirse, haciendo caricatura de las expresiones y costumbres del campo; pero estos festejos populares arraigaron y ya son tradición, de forma que cada año múltiples composiciones compiten para ganar la Panocha de Oro al mejor Bando en las Fiestas de Primavera de Murcia.