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miércoles, 21 de enero de 2026

EL HABLA MURCIANA- CUENCA DE MULA

Continuamos en este capítulo la seria de nuestro compañero Francisco Ramírez referida al "Habla Murciana"

CUENCA DE MULA

    Este territorio, delimitado al sur por la sierra de Espuña y al norte por la de Ricote con la cuenca del río Mula vertebrando el territorio, se encuentra prácticamente en el centro geográfico de la Región de Murcia. La comarca tiene a Mula, histórica plaza de realengo, como centro de atracción que abarca los municipios de Albudeite, Campos del Rio y Pliego; esta zona fue un importante enclave musulmán y, tras la repoblación cristiana, permaneció en ella un contingente muy significativo de población morisca. 

    Mula, bien protegida por su castillo, fue una de las plazas que se resistieron al avance castellano. Sobre este episodio histórico, cuenta Cascales una tradición que rememora su resistencia: “Estaban los moros tan confiados en su villa de Muía, que, con muchas risas, decían el proverbio usado en todas naciones, que la ganaría cuando la muía pariese, como dicen los naturales; pero el proverbio quedó salvo, y no la Villa, pues a pocos días fue ganada”. 

    El caso es que, además del relato etiológico alusivo al largo y costoso parto de estos animales, el origen de este nombre es un tanto incierto, existiendo varias propuestas acerca de sus raíces, Una posibilidad se refiere al emplazamiento de la villa, con su imponente castillo encaramado en el monte; sierras con nombre de Muela tenemos en Alhama, Cartagena, Orihuela, Moratalla… También existe el castillo de la Mola en Novelda, apelativo que vendría de mola-molae; de esta voz latina pasaría a muela y desde ella se llegaría a mula. Sin embargo, el historiador Rafael González Fernández extrae su origen del adjetivo latino mulleus-mullea-mulleum: de color rojo o púrpura:

Partiremos de la hipótesis de que la Mula romana se encontrará en la actual Almagra, cosa que no es ni mucho menos improbable teniendo en cuenta que a la llegada de los árabes se crean nuevos centros de poder que anulan los tardorromanos (ahí está el cercano caso de Begastri). El nombre de la Almagra de claro origen árabe, «Almaghra», se le dio precisamente por su composición mineralógica, que le da ese característico color rojo a los terrenos en donde se encuentra ese material.

 

    El Cerro de la Almagra fue asentamiento humano desde la prehistoria: por él pasaron íberos, romanos, visigodos… Exponentes romanos son el yacimiento de Los Villaricos y la ciudad tardorromana de la Almagra. Con la conquista musulmana el enclave se convirtió en un punto estratégico rodeado de murallas; no obstante, con el tiempo iría perdiendo importancia, hasta ser abandonado tras la reconquista cristiana. Paulatinamente se iría formando un nuevo núcleo poblacional, que finalmente constituiría el actual emplazamiento de Mula. Como dice González Fernández, es posible que estas raíces históricas acarrearan el primitivo nombre a la nueva ciudad; refuerza esta hipótesis la imagen de abajo, que ofrece una muestra muy gráfica del aspecto mineral de la Almagra. 

Cerro de la Almagra                                                        Fuente: www.google.es

    Ya hemos dicho que Mula no aceptó la soberanía castellana, siendo tomada por las armas el 23 de mayo de 1244. Un año después Fernando III le concedería los privilegios del Fuero de Córdoba y le anexó las aldeas de Bullas, Campos y Pliego. Se impusieron los modelos institucionales y formas de gobierno castellanas, creando grandes alfoces para la mejor organización territorial. La zona fue repoblada mayoritariamente con gentes procedentes del reino de Castilla, con lo que sus formas dialectales no aparecen tan marcadas como en otros lugares.

    Caso distinto representa la herencia de población morisca, que en lugares como Albudeite fue muy significativa; los profesores Ricardo Montes Bernárdez y Juan A. Vicente Mateu, autores del trabajo Los moriscos y el origen del habla de Albudeite, dicen que estudiar el habla de esta villa supone detener el reloj del tiempo en el siglo XVII. Albudeite es al-Buddayd, la del agua escasa, según el eminente arabista español Miguel Asín Palacios, que recoge un comentario de Madoz sobre el lugar: “que tiene un pilón de agua escasa, pero muy saludable, encañada desde su nacimiento que está cercano y sirve para el uso del vecindario y los ganados”.

La orden de expulsión de los moriscos de 1613 afectó a la población, pero su incidencia sería más bien escasa. Aunque la salida de los musulmanes representó una sangría humana, en lugares donde la población morisca era mayoritaria consiguió permanecer parte de ella (sobre todo ancianos y niños que se quedaron a vivir con familias de cristianos viejos). Esta circunstancia favorecería la conservación de un léxico heredado, que los albudeiteros expresan en la actualidad con un peculiar deje cantarín, lleno de reminiscencias y términos de origen árabe.

 

 

lunes, 23 de diciembre de 2024

TOPONIMIA CARTAGENERA

 

Minería, pesca y agricultura fueron ocupaciones tradicionales de la comarca cartagenera; estas formas de vida influyeron en el espíritu de sus gentes, quedando reflejadas en los nombres de lugar que habitaron. Doña Emilia García Cotorruelo en Estudio sobre el habla de Cartagena y su comarca dice que la mentalidad providencialista del minero generaría topónimos tales como Encontrada, Suerte, Deseada, San Antonio, San Juan, Consuelo, etc. Del gremio marinero señala denominaciones propias de su actividad, como son Bol del Jurel, Cala Anguila, La Chapineta o Tajo de los Cuervos; por último, referido al ámbito rural cita antropónimos asociados a propietarios de fincas o caseríos: Los Pérez, Lo Conde, Lo Cotorruelo, Lo Poyo....

Por su singularidad llaman la atención estas últimas formas toponímicas, que aparecen en el Campo de Cartagena; allí son habituales los nombres de lugar precedidos de artículo, como puede ser el caso de Los Muñoces, Los Nietos, La Unión, La Aljorra, El Algar, Lo Pagán, Lo Romero..., pero entre ellos destacan estos últimos, basados aparentemente en apellidos a los que se antepone la partícula Lo, una forma constructiva poco habitual. El caso es que esta forma constructiva en absoluto puede considerarse habitual; más bien al contrario, se podría decir que resulta un tanto extraña.

Indagando en trabajos de lingüística no hemos encontrado grandes estudios al respecto, ni tampoco parece existir certeza total sobre el tema entre historiadores y autoridades en filología. Quien fuera el Jefe de Publicaciones del Archivo Municipal de Cartagena, don Alfonso Grandal, habla de nombres de lugar basados en apellidos de los repobladores y argumenta el caso de onomásticos precedidos del determinante lo, apelando a la fórmula:

lo de + apellido, hoy reducida a lo + apellido: Lo Pagán, Lo Romero, lo Tacón, lo Campano, lo Subiela, etc. Se trata de antiguas posesiones de un propietario de ese apellido y no tiene, desde luego, nada que ver con el artículo aragonés y catalán lo, como a veces se ha dicho, ni con la mudez de la -s final del habla local.

La doctora Consuelo V. Hernández Carrasco en su trabajo sobre toponimia romance asume la tesis de Grandal, en cuanto a lo + de + apellido, pero justifica el determinante lo como artículo neutro aragonés y dice que el hecho de que se pierda la de obedecería a una relajación fonética del habla popular murciana. Consultando el portal de Datos Espaciales de la Comunidad Valenciana observamos que también en tierras alicantinas aparecen multitud de lugares, parajes y caseríos cuyos nombres tienen esta misma forma constructiva: Lo Colorado, Lo Guerra, Lo Valero, Lo de Bru, Lo Ballester, lo Carrasco, lo Jiménez, Lo Reche, Lo de Reig, Lo de Vigo, Lo Capitán...

Esta es una muestra de los 1.250 nombres de este tipo que incluye el citado portal. Como vemos, los topónimos formados con Lo no son exclusivos de la Región de Murcia; al contrario, aparecen con mayor frecuencia en la Comunidad Valenciana. También observamos algo curioso: el portal cita Lo de Vigo y Aljibe Lo Vigo Viejo; hay distintas formas de nombrar el sitio, cosa que también ocurre con Lo Reche y Finca lo de Reig, un lugar que figura con estas dos acepciones.

La historiadora Remedios Muñoz Hernández, en su obra De la Marquesa a Los Montesinos, hablando de los orígenes del asentamiento humano en la antigua albufera de Orihuela, dice:

La expulsión de los moriscos en 1609 y la epidemia de peste en 1648 paralizaron la iniciativa repobladora. No obstante, para estos años adversos, se han localizado sendos establecimientos en las haciendas conocidas con los nombres de Blanch y Reig, que han llegado hasta nuestros días con estas últimas denominaciones.

 

Esta profesora, natural de Los Montesinos, nos muestra un mapa de la zona que reproducimos aquí, en el que los predios anteriormente citados aparecen como Lo Blanc y Lo Reig, junto a lugares como Lo Sastre, Lo de Montanaro, La Marquesa, Los Pérez, La Rafaela, Los Pinicos... Una variedad de formas toponímicas que sugieren distintas procedencias o etapas repobladoras.

 


De la Marquesa a Los Montesinos

Inicialmente la repoblación de la comarca oriolana se nutriría con gentes del reino de Valencia; posteriormente, la colonización auspiciada por el cardenal Belluga supondría la desecación de marjales y la roturación de tierras que serían entregadas a nuevos colonos. Estos hechos históricos son indicativos de la mezcla de habitantes y confluencia de hablas que se dieron en la Vega Baja, lo que podría explicar la disparidad de sus denominaciones.

sábado, 8 de abril de 2023

EL HABLA DE LA HUERTA

    Siguiendo con publicaciones anteriores ofrecemos un nuevo capítulo relacionado con El Habla Murciana

Dice el historiador británico Peter Burke que la cultura popular puede entenderse como un conjunto de significados y valores compartidos, a través de los cuales ésta se expresa o encarna. La Huerta de Murcia, con sus costumbres ancestrales y formas de expresión características, sería un buen ejemplo de este acervo cultural distintivo. Entrando en los orígenes dialectales vemos que en la Región murciana la lengua se ve influenciada por múltiples factores:

-  El primitivo romance hispano-latino que se hablaba en el sureste peninsular ya hubo de tener características peculiares durante la época visigoda.

- Posteriormente, aunque la invasión musulmana dejaría su huella, para la formación del habla regional sería determinante la repoblación cristiana.

- Así, sobre el sustrato hispano-visigodo, la posterior influencia del romance castellano, aragonés y catalán formarían el crisol de las hablas murcianas.

-  En general, las formas dialectales de la Región se corresponden con las de la lengua castellana, a cuya gramática y sintaxis se ajustan.

Ya en el siglo XIV debieron estar asentadas las formas lingüísticas murcianas, pero los escritores regionales procuraron evitar en sus obras todo asomo de lenguaje dialectal; así, el murciano no lograría forma literaria hasta finales del siglo XVIII, coincidiendo con la aparición de la prensa periodística. Las primeras muestras de literatura popular ensalzaban las costumbres y expresiones características de la Huerta, una rica tierra de pobres gentes, en su mayoría analfabetas.

La literatura panocha tendría sus raíces en el original lenguaje del pueblo, que algunos escritores costumbristas exageraron, hasta convertirlo en una caricatura del habla rural auténtica; el apelativo panocho fue tomado de la panocha, mazorca de maíz o panizo, nombre empleado para señalar a los huertanos y distinguir sus particulares formas de expresión. A la creación de este estereotipo contribuyó la literatura murciana en la época del romanticismo: un grupo de intelectuales capitalinos, tratando de recoger las tradiciones del pueblo hicieron uso de unas formas dialectales intencionadamente retorcidas y exageradas, que finalmente se insertarían en el folclore popular.

El poeta José Frutos Baeza, gran defensor del habla huertana, dice en su obra “De mi tierra”:

Que nunca en mis escritos panochos me he inclinado del lado ridículo, ni en el lenguaje ni en el fondo por muchas razones, entre ellas por ser injusto pintar como zafios a los huertanos, confundiendo lo sencillo, ingenuo y gracioso, con lo chocarrero y burdo.

En el romance “Pronunciación huertana”, describe así la fonética murciana: 

El quid del habla panocha

está en la pronunciación

y para hablarla es preciso

aprender de viva voz


La s final no es tal s,

Más bien es aspiración,

Y en el compuesto nosotros

Resultan mudas las dos.

Si a una s sigue b,

La b ya es f en rigor

como en lah fotah, loh fienes

o en otra ehfalijación

 

Si la f precede a u,

y si es diptongo mejor,

suena cual j, y se dice:

juera, juimos y junción 

Efectivamente, hay que distinguir lo que fue el léxico auténtico de la Huerta y el lenguaje panocho literario. El escritor Alberto Sevilla defendió las tradiciones y el habla popular, diciendo: hablar en panocho no es decir un barbarismo tras otro; es dar a las frases el giro que le dan en la huerta murciana: es usar sus palabras castizas. 

También Pedro Diaz Cassou nos habla de los orígenes del lenguaje rural; dice este escritor romántico que la Huerta estuvo poblada de moros, cuyas raíces han perdurado en el repertorio de voces árabes que adornan el habla regional. Captando una tradición que se perdía Cassou recopiló leyendas y un cancionero panocho; así, este erudito quiere apresar la tradición murciana, conservando el habla auténtica de la Huerta antes de que se le escape de las manos.

Junto a Díaz Cassou, Vicente Medina y Miguel Hernández probablemente sean las figuras más destacadas de nuestras letras.  El gran poeta de Archena fue un gran amante de las tradiciones y en sus Aires Murcianos se propuso dignificar el lenguaje huertano, siendo Cansera quizás su poema más sentido.

Por otra parte, la descarnada realidad plasmada por el malogrado poeta oriolano refleja las duras condiciones que padecían las gentes del campo, cuya falta de instrucción los llevaba a expresarse con deformaciones fonéticas y a incluir vulgarismos en su léxico, que serían la base de la literatura panocha.

El traje huertano recuerda la indumentaria de aquellas gentes, que hoy se recrea en los desfiles del Bando de la Huerta, una fiesta que nació como pretexto de churubitos capitalinos para divertirse, haciendo caricatura de las expresiones y costumbres del campo; pero estos festejos populares arraigaron y ya son tradición, de forma que cada año múltiples composiciones compiten para ganar la Panocha de Oro al mejor Bando en las Fiestas de Primavera de Murcia.