Continuamos en este capítulo la seria de nuestro compañero Francisco Ramírez referida al "Habla Murciana"
CUENCA DE MULA
Este territorio,
delimitado al sur por la sierra de Espuña y al norte por la de Ricote con la
cuenca del río Mula vertebrando el territorio, se encuentra prácticamente en el
centro geográfico de la Región de Murcia. La comarca tiene a Mula, histórica
plaza de realengo, como centro de atracción que abarca los municipios de
Albudeite, Campos del Rio y Pliego; esta zona fue un importante enclave
musulmán y, tras la repoblación cristiana, permaneció en ella un contingente muy
significativo de población morisca.
Mula, bien protegida por
su castillo, fue una de las plazas que se resistieron al avance castellano.
Sobre este episodio histórico, cuenta Cascales una tradición que rememora su
resistencia: “Estaban
los moros tan confiados en su villa de Muía, que, con muchas risas, decían el
proverbio usado en todas naciones, que la ganaría cuando la muía pariese, como
dicen los naturales; pero el proverbio quedó salvo, y no la Villa, pues a pocos
días fue ganada”.
El caso es que, además
del relato etiológico alusivo al largo y costoso
parto de estos animales, el origen de este nombre es un tanto incierto,
existiendo varias propuestas acerca de sus raíces, Una
posibilidad se refiere al emplazamiento de la villa, con su imponente castillo
encaramado en el monte; sierras con nombre de Muela tenemos en Alhama,
Cartagena, Orihuela, Moratalla… También existe el castillo de la Mola en
Novelda, apelativo que vendría de mola-molae;
de esta voz latina pasaría a muela
y desde ella se llegaría a mula. Sin
embargo, el historiador Rafael González Fernández extrae su origen del
adjetivo latino mulleus-mullea-mulleum:
de color rojo o púrpura:
Partiremos
de la hipótesis de que la Mula romana se encontrará en la actual Almagra, cosa
que no es ni mucho menos improbable teniendo en cuenta que a la llegada de los
árabes se crean nuevos centros de poder que anulan los tardorromanos (ahí está
el cercano caso de Begastri). El nombre de la Almagra de claro origen árabe,
«Almaghra», se le dio precisamente por su composición mineralógica, que le da
ese característico color rojo a los terrenos en donde se encuentra ese
material.
El Cerro de la Almagra fue asentamiento humano desde
la prehistoria: por él pasaron íberos, romanos, visigodos… Exponentes romanos
son el yacimiento de Los Villaricos y la ciudad tardorromana de la Almagra. Con
la conquista musulmana el enclave se convirtió en un punto estratégico rodeado
de murallas; no obstante, con el tiempo iría perdiendo importancia, hasta ser
abandonado tras la reconquista cristiana. Paulatinamente se iría formando un
nuevo núcleo poblacional, que finalmente constituiría el actual emplazamiento
de Mula. Como dice González Fernández, es posible que estas raíces históricas
acarrearan el primitivo nombre a la nueva ciudad; refuerza esta hipótesis la
imagen de abajo, que ofrece una muestra muy gráfica del aspecto mineral de la
Almagra.
Cerro de la Almagra
Fuente: www.google.es
Ya
hemos dicho que Mula no aceptó la soberanía castellana, siendo tomada por las
armas el 23 de mayo de 1244. Un año después Fernando III le concedería los
privilegios del Fuero de Córdoba y le anexó las aldeas de Bullas, Campos y
Pliego. Se impusieron los modelos institucionales y formas de gobierno
castellanas, creando grandes alfoces para la mejor organización territorial. La
zona fue repoblada mayoritariamente con gentes procedentes del reino de
Castilla, con lo que sus formas dialectales no aparecen tan marcadas como en
otros lugares.
Caso
distinto representa la herencia de población morisca, que en lugares como
Albudeite fue muy significativa; los profesores Ricardo Montes Bernárdez y Juan
A. Vicente Mateu, autores del trabajo Los
moriscos y el origen del habla de Albudeite, dicen que estudiar el habla de
esta villa supone detener el reloj del tiempo en el siglo XVII. Albudeite es al-Buddayd, la del agua escasa, según el eminente arabista español Miguel Asín
Palacios, que recoge un comentario de Madoz sobre el lugar: “que tiene un
pilón de agua escasa, pero muy saludable, encañada desde su nacimiento que está
cercano y sirve para el uso del vecindario y los ganados”.
La
orden de expulsión de los moriscos de 1613 afectó a la población, pero su
incidencia sería más bien escasa. Aunque la salida de los musulmanes representó
una sangría humana, en lugares donde la población morisca era mayoritaria
consiguió permanecer parte de ella (sobre todo ancianos y niños que se quedaron
a vivir con familias de cristianos viejos). Esta circunstancia favorecería la
conservación de un léxico heredado, que los albudeiteros expresan en la
actualidad con un peculiar deje cantarín, lleno de reminiscencias y términos de
origen árabe.
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