Las últimas tareas que yo desempeñé en la desaparecida Caja de Ahorros del Mediterráneo fue lo que denominamos “Proyecto Raíces”, un título y un contenido que nació tras recibir el encargo de “instalar una vitrina en la sexta planta del edificio central en la que se mostraran algunos documentos que acreditaran la antigüedad de la Caja”. Nada en mí atisba a que yo tenga perfil de historiador o investigador, así que obtuve información de mis contactos en otras Cajas de Ahorros de cómo abordaban su raigambre y, sobre todo, como “se vendía” ese concepto. De ahí nació una propuesta que se desarrolló en los siguientes diez años, hasta la desaparición de la Caja.
Con la ayuda de una estudiante de Humanidades, María del Carmen Sánchez Pacheco, primero becaria y finalmente empleada, ya licenciada, de la Obra Social de la CAM, el primero paso fue acaparar de archivos, despachos y almacenes toda aquella documentación susceptible de ser definida como histórica, procediendo a su catalogación con las herramientas informáticas adecuadas. Sí, finalmente se colocaron seis vitrinas en el edificio de la avenida Oscar Esplá con significativas referencias históricas de las distintas entidades –no solo Cajas, también Bancos-.
Y posteriormente también dos en
Murcia, y una en Alcoy, Orihuela, Cartagena, Jumilla, y la última en el
edificio de la calle San Fernando, en el hall de entrada. Además, en cada caso
se editó un folleto sobre el origen y evolución de la Caja “vista” desde cada
referencia geográfica.
Casi al mismo tiempo encontramos en el rincón de un almacén una caja conteniendo unos curiosos documentos, enrollados y con avanzados signos de putrefacción: un legajo de 15 grandes papeles, cuasi pergaminos, escritos en una versión de letra gótica inglesa, que configuraban una especie de acta de la inauguración del edificio. En ellos, el firmante –Juan Martínez Alberola- narra el acontecimiento, con fecha de 2 de diciembre de 1923, las personalidades que acudieron, los parlamentos de los oradores y las donaciones de carácter benéfico que se realizaron con motivo de esta ocasión. Los “papeles” fueron restaurados, el texto recuperado, y enmarcados se situaron expuestos en lo que después sería sala de estudio, en la parte de derecha de la planta baja del edificio.
El edificio pasó a ser propiedad del Banco Sabadell tras la adjudicación de la CAM por el Banco de España en 2011, sin que prácticamente llegara a usarlo. Posteriormente en 2014 lo cedió a la Universidad de Alicante, que además un año después realizó obras y amplió la sala de estudios. Por entonces, tanto aquella vitrina como los pergaminos enmarcados fueron retirados sin que en la actualidad conozcamos su paradero.
Y de nuevo ha sido noticia esta primavera pasada, al
anunciar la UA que renunciaba a seguir utilizándolo como la segunda de sus
sedes en el centro de la ciudad. En estos últimos años fue usado como sala de
estudios principalmente, también ofrecía algunos actos culturales en sus dos
salas y creo que albergaba algunos despachos de investigadores, pero su
peculiar configuración como centro de gestión financiera –llegó a incluir en
los sótanos de su parte trasera, la que linda con la calle Rafael Terol, el área informática- quizás no era totalmente
utilizado, al margen de que su mantenimiento (personal, limpieza, etcétera)
debía suponer un coste significativo para la universidad.
Quizá convenga recordar como naciera esta singular construcción. El solar que ha venido ocupando fue adquirido a trozos a distintos propietarios, según esquema que se reproduce y que estuvo expuesto durante años en su interior. Como se puede apreciar, el primer solar adquirido no tenía fachada en la calle san Fernando, sino que lindaba a las de Velarde y Santiago, y allí abrió sus puertas la Caja alicantina en 1884, tras su primer local en el Consulado del Mar y su segundo en la calle Loma. Con el transcurso de los años iría adquiriendo las casas contiguas hasta acometer la gran obra del arquitecto Vidal Ramos inaugurada en 1923. Y aun faltaban algunas piezas del “mosaico” para completar la manzana en parte trasera lo que culminaría a finales de los años treinta.
El edificio acogió desde 1952 la Biblioteca Gabriel Miró con acceso desde la calle Rafael Terol a través de un coquetón jardín, hasta que fuera trasladada a Ramón y Cajal en 1973. Sobre ese espació se acometieron obras de ampliación para albergar los distintos departamentos de la Caja conforme fuera creciendo, caso significativo el de Informática en los nuevos sótanos. A esta nueva parte del edificio se le dotó con un acceso por la calle Velarde.En 1988, con el cambio de denominación de la entidad se aplicó, con la dirección de Taula de Diseny una aplicación de su nueva imagen corporativa, que incluía iluminación artística nocturna.
Así que parece abrirse un abanico de expectativas para este inmueble, que el Banco habrá de ponderar antes de que su deterioro progrese –las fachadas hace tiempo que venían precisando una cierta restauración- y se dedique a ser tan útil como lo fuera en sus primeros noventa años. Obviamente no deseamos que se sume a otros pendientes de futuro –Cine Ideal, por ejemplo, o la Comandancia de la Guardia Civil cuando se construya la nueva en Rabasa-, pese a que el menfotismo alicantino parezca garantizar que nuestras dudas están mas que fundadas.
Post scriptum
Estos
días pasados se ha difundido el interés de SUMA por adquirir el edificio. Sería
una salida adecuada en mi modesta opinión: primero porque la agencia
recaudadora fue creada por la Diputación Provincial, como lo fuera la Caja de
Ahorros Provincial, de forma que cabe inferir que sería respetuosa con su
historia. Aún hay otro nexo con la desaparecida CAM: el diseño corporativo de
SUMA lo realizó Taula de disenny de Barcelona; lo sé porque fueron los
responsables del de la CAM y yo mismo puse en contacto a su gerente con Josep
María Civit.
Así
que si fragua, espero que los elementos que he citado vuelva estar expuestos,
y, además se conserve íntegro la sala del Consejo que alberga magníficas
pinturas de Gastón Castelló y Gálvez y los retratos de Román Bono y Ramos
Carratalá.
(Publicado en Hoja del Lunes de Alicante el 6 de Julio de 2026. Autor Toni Gil)






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